Gil y La Casa de los Alebrijes

Empecé a hacer Alebrijes como un proceso de catarsis muy espontáneo. Hay veces que necesitas materializar algún sentimiento o sueño, bueno… Esta es mi forma.

Dicen que los Alebrijes provienen de los sueños, no sé si toda la gente que hace Alebrijes o criaturas fantásticas tienen la real experiencia de verlos en sueños; yo sí, me cuesta trabajo convencer a la gente de que es verdad, pero sueño animales, monstruos y dragones, sobre todo dragones, de todos tamaños y formas los veo y a veces siento pánico, a veces me emociono, pero siempre los recuerdo nítidos.
Tal vez los vi realmente en otra vida, tal vez fui uno de ellos.
Llego al taller cada mañana y me emociono de pensar en llenar espacios enteros de mis criaturas, solo por el gusto de hacer un bestiario en el que la gente pueda caminar un momento por mi mente.
Cada uno tiene su historia particular, pero todos comparten el que me vuelco en su creación como desdoblándome, y ahí se queda algo mío y yo me quedo con algo de cada uno y con la satisfacción de haberlo liberado.

Mi espacio funciona en dos direcciones:

La primera como un taller de arte en el que pretendo que todos los que quieran aventurarse en la creación encuentren los medios y la inspiración para liberar su potencial creativo.

El taller es un espacio con capacidad para 15 personas y sus piezas; que a veces ocupan más espacio que sus creadores.

El material puede parecer insignificante y hasta intimidante al principio, pero es básicamente alambre, periódico, tela, resistol y mucha pintura. Puede ser que cueste trabajo pensar que de hojas de periódico pueda surgir una criatura que casi podría estar viva. Pero cuando dejas fluir la imaginación y dejas que las manos trabajen dejando que los materiales se transformen, se llega a un momento de fluidez tal, que frecuentemente cuando tienes una pieza terminada te preguntas sorprendido como fue que nació.

Y “dando clases” es como me doy la satisfacción personal de ver a otros hacer lo mismo, de sentir su emoción cuando me explican lo que quieren materializar y así puedo ver en el desarrollo de su pieza un poco de su interior. Me imagino con ellos la expresión que le quieren poner y la intención que en conjunto quieren lograr. Ver ese proceso es mi placer oculto, es fascinante.

El otro sentido que tiene La Casa de los Alebrijes es el desarrollo de mi obra. La creación de ese mundo de criaturas mitad inspiradas en los maravillosos animales de nuestro planeta y mitad de los animales oníricos que pueblan mi cabeza.

Hacer esta obra para mí es la materialización textual de algunos sueños y la satisfacción es permitir que otros vean las imágenes que para mí son tan naturales. Qué mi bestiario sea real y concreto y otros puedan entrar en mi mundo, “en mi cabeza”.

En pocas palabras: “pásele a mis sueños, de una vuelta y permanezca a voluntad”